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Archivo de la categoría: Fabulas docentes en el País de la Medicina de Familia

Memantina y/o Donezepilo para la demencia de Alzheimer moderada o moderadamente grave VS, la ley de a “menos cabeza, más corazón”

INTRODUCCIÓN A FÁBULAS DOCENTES EN EL PAÍS DE LA MEDICINA

 elefante y ratonLa mañana en la que Nemo llegó al refugio, el sol naciente asomaba por el horizonte en la estrecha franja de cielo que dejaban abierto unas grisáceas nubes. Tumbado en la paja de su transporte miraba, entre el polvo del camino que las ruedas levantaban, como las nubes más próximas al sol iban tiñendo con el claro dorado del albor. Su pequeña trompa se deslizaba entre los barrotes captando el olor de las gotas de una tímida lluvia sobre la tierra seca.

Su entrada en el refugio no fue todo lo digno que a él le hubiera gustado. Abrieron la puerta de su jaula y colocaron una rampa de metal desde ésta hasta el suelo. Le tentaron con suculentos biberones de leche y cariñosas palabras de ánimo, pero Nemo, asustado, se pegaba testarudamente al fondo de la jaula. En estas se encontraba cuando, junto a sus patas, vio moverse la paja.

-¿Qué habrá bajo la hierba seca? ¿Tal vez sea una estratagema para hacerme bajar?- Pensó. Y, cuando, del montoncito de hierba que se agitaba, brotó un pequeño ratonzuelo, Nemo se precipito, en una alocada carrera, fuera de la jaula, barritando desesperadamente  y tirando de espaldas al sorprendido personal del refugio, dejando tras de sí una estela de polvo. Cada vez que, a lo largo de su vida, Nemo recordara el episodio, gracias a su portentosa memoria, reiría con ganas.

Pero la agitación pronto dejó paso a la tristeza por la pérdida de su familia y la desubicación que sentía. Llevaba largo tiempo tendido en el suelo en lo más oscuro de su amplio recinto de adaptación cuando escuchó  una vocecilla que le decía:

-¡Jo, vaya susto me has dado antes  en la jaula!- Pero Nemo estaba demasiado triste para asustarse de nuevo o responder siquiera.

El joven ratón insistió:

-Supongo que tú tampoco conoces a nadie por aquí. Yo me alejé de mi familia para curiosear en busca de algo de comida cuando descubrí  aquel montón de paja magnífico para jugar. Y, claro, después de tanto jugar me entró sueño y, al despertar, voy  y me encuentro contigo gritando y pataleando en la jaula, ¡uff, se me ponen los pelos de la cola de punta con solo recordar el susto!- Nemo que ahora lo miraba interesado esbozó una sonrisilla.

-¿Oye, y tú qué eres?- Preguntó el ratón.

-Un elefante-

-¿Y qué saben hacer los elefantes?-

-Hmmmmm…- Dijo Nemo entrecerrando los ojos y mirando al techo –Sabemos recordar-

El ratón lo miró, giró la cabeza a un lado, luego al otro y frunció el ceño. Al ver su desconcierto el elefante añadió.

-¡Sí, no olvido nada!  Puedo, por ejemplo, decirte la lista de los Reyes Paquidermogodos de memoria: Trompataulfo, Colmigérico, Orejalia, Elefanteodorico I, …- Al terminar de recitar, Nemo le preguntó al ratón que tenía los ojos como platos:

-Y tú  ¿qué sabes hacer?-

-Dos cosas: ¡Correr…!- Respondió el  ratón mientras se subía a la cabeza del elefante y empezaba a corretear juguetonamente detrás de las orejas de Nemo. Éste las abanicaba de satisfacción. – ¡…y asustar elefantes!- Y los dos rieron hasta dolerles la tripa.

Puedo decir sin temor a equivocarme que ésta fue una de las pocas veces en que Nemo  se sintió triste, pues desde ese momento se forjó una profunda amistad entre el ratón y el elefante.

Y la vida transcurrió con alegría y serenidad: ambos trabaron amistar con humanos y con otros animales, se sintieron útiles en la vida. Nemo conoció a Sara, una cariñosa elefanta de orejas pequeñas y trompa estilizada con la que tuvo unos grandes y peludos retoños. No sería prudente referir aquí el número de parejas y de hijos que tuvo el ratón, pero tengan por seguro que quedó satisfecho en este aspecto de su vida.

Lamentablemente, el ratón tuvo que ausentarse unos años para cuidar de un tataratataratataranieto que había nacido con una severa irritación crónica de bigotes. No obstante, elefante y ratón nunca se olvidaron.

Aunque no podían estar con su padre tanto como querrían debido a sus responsabilidades, los hijos de Nemo le visitaban de vez en cuando manteniendo una estrecha relación. A ninguno de ellos les resultó extraño que su padre cada vez fuera más pesado al ofrecerles agasajos:

-Seguro que tenéis hambre, ¿os apetecen unos cacahuetes?- repetía Nemo cada dos por tres a pesar de las claras negativas de sus hijos.

Más les extrañó cuando empezó a quejarse de lo que tardaba Sara en regresar a casa: -Pero, papá, ya hace cuatro años que mamá está de gira con el circo-

-¡Es verdad, qué memoria la mía!- asumía Nemo.

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EL EFECTO TITANIC

 INTRODUCCIÓN A FÁBULAS DOCENTES EN EL PAÍS DE LA MEDICINA

La Señora Gaviota, de 20 años de edad, un ave palmípeda de plumaje  blanco, pico ganchudo de color anaranjado y dorso ceniciento, y patas con dedos palmeados unidos por una membrana, vivía con su marido en una colonia del suelo llano de la playa, cerca de las marismas del ríos, donde tenía un nido sencillo, poco profundo y revestido de hierba. Tomaba una benzodiazepina por ansiedad relacionada con problemática de pareja. Pero Fanny veía que el efecto del tratamiento era en realidad debilitar la relación con su marido, en un sentido psicológico. Ella pensaba que la relación con su marido estaba en el origen de sus problemas, y así el tratamiento específico estaba contra-actuando respecto a un tratamiento contextual o situacional…

El Señor Hámster, era un mamífero roedor de edad media, con bolsas en cada mejilla que utilizaba para almacenar comida, con un pelaje denso y suave, y cuerpo robusto, patas y cola cortas. Vivía en una madrigueras subterráneas compuestas por varias habitaciones: el almacén para la comida; el comedor donde tomaba su comida compuesta sobre todo por granos de cereal, y que compartía en veladas con sus amigos: en esas frecuentes ocasiones comían semillas como pipas, avena pelada, maíz y cereales y arroz; el dormitorio donde hibernaba durante el invierno, pero solía despertarse para comer las provisiones almacenadas; y el nido, donde su esposa paría varias veces al año, una camada de hasta 18 crías. El Señor Hámster era diabético, y se le había dicho que debía seguir una dieta más estricta. Esta restricción interfería con su relación con los amigos, que involucraba el comer juntos en ocasiones sociales… El Señor Hámster redujo los contactos sociales y así llegó a estar más aislado -los hámster son de por sí animales solitarios- en su madriguera…

El Señor Hipopótamo, entró gruñendo en la consulta. Era el más corpulento y macizo de todos los artiodáctilos, tenía una alzada, en la cruz, de1,50 metros, una longitud de4,50 metros, más45 cm. de cola, y un peso de 4 toneladas. Sus ojos eran salientes y las fosas nasales estaban situadas en la superficie superior de su enorme hocico. La boca era muy amplia y los caninos enormes. La piel era gruesa y desnuda, de color grisáceo- rojizo. Se le había diagnosticado en un chequeo rutinario una isquemia coronaria y se le recomiendó limitar sus actividades físicas. Así, dejó de nadar en el agua y de ir por el bosque con la manada en busca de comida, y se tumbaba y dormitaba cerca de la orilla, tumbado mitad en el agua y mitad sobre la tierra, al sol, y únicamente levantanba perezosamente la cabeza para observar lo que sucedía a su alrededor. Pero este reposo era un factor de riesgo más para que ese diagnóstico se desarrollara y se cumpliera, además el reposo le inducía a alimentarse en exceso de hierbas acuáticas, gramíneas y caña de azúcar.

 La Señora Libélula era un insecto viejo de ya 6 años, con sus grandes ojos multifacetados, dos pares de fuertes alas transparentes y cuerpo alargado. Se la había etiquetado de como osteoporótica, y eso la causaba temor a las caídas lo que provoca una reducción de la movilidad, dejando de revolotear por las cercanías de lagos, charcas, ríos y tierras pantanosas,  lo que conducía a una mayor aceleración de la pérdida de hueso, y empobrecía su dieta que obtenía en esas zonas.

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LA LEY DEL HUEVO FRITO

LA LEY DEL HUEVO FRITO

Fanny atendía

a la Señora Mapache, un mamífero no muy grande, poco más que un gato, emigrante americana. Se alimentaba casi exclusivamente, por razones económicas y de tradición, a base de ranas y crustáceos, así como algunos frutos, todos ellos ricos en oxalatos, calcio, proteínas, y sal. Tenía historia de cólicos renales, y venía a ver el resultado de un cultivo de orina, tras el tratamiento con ciprofoxacino 250 mg cada 12 horas durante tres días, de una cistitis. -“Se ha negativizado el cultivo. Está curada”, decía Fanny antes de despedir a la Señora Mapache.

El siguiente fue el Señor León Marino, un animal grande, que tenía las extreminades en forma de aletas, el pelo de la cabeza largo, y pasaba la mayor parte del año en el mar, con temperaturas a veces muy frías. Era fumador, y había pasado una neumonía hacía un mes, aunque ya se sentía mejor, sin tos ni dolor costal ni fiebre. -“Ya tenemos la radiografía: desapareció el infiltrado… Está curado, así que le damos el alta”, concluía Fanny.

A continuación estaba el Señor Periquito. Un ave inteligente, simpática, limpia, muy sociable, de color verde, que tenía en la parte anterior de la cabeza y cuello una máscara de color amarillo, y que había trabajado como animal de compañía, pero ahora estaba en paro, y tenía algunos problemas de relación de pareja. Venía a ver su análisis de control de función hepática. -“Se han normalizado las transaminasas. Curado”, señalaba Fanny.

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LA LEY DE LA HIDRÁULICA

 

Fanny era una experta gimnasta y era capaz de realizar contorsiones muy extrañas… Gracias a esa habilidad, se estiraba lo más que podía para mirar a la cara ala Señorita Jirafa, un ejemplar joven y bonito, que tenía una extraordinaria longitud de su cuello, altas patas y  la línea del dorso muy inclinada. Sobre el pelaje, de fondo claro, destacaba un conjunto de manchas más oscuras, rojizas, que forman una especie de retículo con el color del fondo.

 Había entrado en la consulta con su paso tranquilo y majestuoso, y al mismo tiempo con mucha gracia, porque movía a la par las dos patas del mismo lado.

 Consultaba por un cuadro de dolor epigástrico y vómitos, seguidos de malestar general. Lo achacaba a  abrevar en las lagunas pantanosas o en las charcas. No había antecedentes de interés. Fanny la trató sintomáticamente.La Señorita Jirafa se alimentaba principalmente de ramas, hojas y yemas de mimosa, aunque también le gustaban las hojas de las plantas trepadoras. Fanny, además de prescribir metoclopramida y ranitidina por unos días, aconsejó, lógicamente, un dieta a base de hojas de acacia.

 Al cabo de dos semanas volvió a consultar por el mismo cuadro,la Señorita Jirafa.Acudía acompañada de su madre, un ejemplar adulto, aún más alto que su hija, y que cumplía una función protectora con respecto a los individuos jóvenes. La exploración general fue normal. Fanny pensó nuevamente que se trataba de una dispepsia ulcerosa, y prescribió omeprazol durante 15 días.

 A la semana acudió su padre, un ejemplar aún más alto que la hija y la madre. ¡A Fanny le dolía su cuello de estirarse para mirarle¡ Le pidió la baja laboral para su hija,la Señorita Jirafa.

-“Ella mejoró inicialmente…, pero ha empeorado otra vez… Esta nerviosa… No quería dejar de trabajar…, pero … Su sueño es ligerísimo y dura poco…Puede estar varios días sin dormir, o descansa de pie…”, explicó el Señor Jirafa a Fanny.

 A los pocos días consultó nuevamentela Señorita Jirafa,  acompañada otra vez por su madre. Esta vez entraron a la consulta más deprisa… -y así a Fanny le pareció que perdía parte de su elegancia.

 Fanny habló con ambas. La clínica era fluctuante…, se acompañaba de ansiedad…, parecía que era consecuencia de episodios de angustia… No refería causas psico-sociales…

 -“Podría recetarla un tranquilizante…, y darla un volante para digestivo”, dijo su madre que solía interrumpir frecuentemente la entrevista conla Señorita Jirafa, e insistía que ella dormía mal, no comía, estaba nerviosa…

 -“¿En qué quedamos?”, pensaba Fanny. “¿Dispepsia o ansiedad que se expresa en parte con síntomas digestivos en una paciente joven?”

 Y se lo preguntó al Dr. Hund.

 -“Es consecuencia dela Ley de la Hidráulica”, le explicó el Dr. Hund con una voz entre silbido y grito.

 -“Pero Dr. Hund…, que esto es medicina y no física”, protestó amablemente Fanny.

 -“La hidráulica es la ciencia que estudia el flujo de líquidos y fluidos”, aclaró el Dr. Hund. Y prosiguó: “Las emociones son como fluidos mentales como la sangre que circula por las venas. En esencia esta idea es la que tomó Freud para construir su teoría de psicoanálisis, como forma de ventilar emociones negativas. Freud mantenía que si las expresiones emocionales tenían una salida natural, ese fluido mental era ventilado, pero si las expresiones emocionales estaban inhibidas, el fluido buscaría vías vicariantes para salir, que podrían ser más peligrosas”.

 -“¡¿Ah?!”, exclamó dudosa Fanny, moviendo su cola, queriendo decir “siga, por favor”.

 -“En la consulta general, la persona puede presentar el problema de forma vicariante como predominantemente biológico, aún siendo predominantemente psico-social, al encontrar dificultades para evacuarlo como tal: barreras del médico, de la entrevista, del tiempo de consulta, de la propia sociedad…”, continuó el Dr. Hund.

 -“Ya lo voy comprendiendo”, dijo Fanny.

 -Tienes que tener en cuenta, Fanny, que  cuando el médico entra sin reflexionar en ese camino biológico vicariante de lo psicosocial, se adentra en un terrero peligroso, exponiéndose a falsos positivos y negativos de pruebas, efectos adversos de fármacos, costes personales y comunitarios inadecuados… Y muchas veces es un camino sin retorno, a pesar de que las pruebas indiquen ausencia de patología –biológica-, esa ‘ausencia’ es siempre ‘hasta que se encuentre la patología’, y el paciente tiende a estructurar como válvula de escape emocional o anímica la vía biológica. Se entra en ese camino, pero difícilmente se sale…”, añadío agitando su ala derecha, como un orador ante su auditorio, el Dr. Hund.

 -“De todas formas, Dr. Hund, creo que también habrá que evitar la sobre simplificación”, maulló Fanny.

 -”Cierto Fanny, existen también peligros en centrarnos en la expresión emocional en un momento inadecuado. Los modelos hidráulicos pueden tener errores. Veo que lo estás comprendiendo”, concluyó satisfecho el Dr. Hund.

 

 

ELEMENTOS TEÓRICOS RELACIONADOS CON LA CLÍNICA DE MEDICINA DE FAMILIA DESDE UN ENFOQUE SISTÉMICO

COMENTARIOS TORTUGA

El médico de familia tiene que mantener siempre el rabillo del ojo mirando el contexto de la presentación sintomática de un problema de salud y nunca descartar como causa principal la psicosocial.

 

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La ley de la pescadilla que se muerde la cola

INTRODUCCION A FABULAS DOCENTES EN EL PAIS DE LA MEDICINA

El Señor Cocodrilo, un monstruoso ejemplar viejo de 5 metros de longitud, entró reptando en la consulta, mientras sacudía su cola contra el suelo.

-”Ffuuuuussshhhh”, diecía instintivamente Fanny.

-“No puedo”, decía inquieto, abriendo sus inmensas fauces. “Que no…, y es que no. No puedo tomar esas pastillas… Y no puedo hacer esa dieta… a base de búfalos ¡Ah! Y no puedo  comenzar esos ejercicios de natación. ¡No señora!, dice inquieto el Señor Cocodrilo, tirando en la mesa un cartón de la caja de un medicamento, como si estuviera jugando a las cartas y repartiera la baraja.

-“¡Vaya…, parecía el comienzo de una consulta con un paciente difícil!”, pensaba Fanny.

Fanny observaba que el Señor Cocodrilo estaba alterado. Y le preguntaba por qué:
-“Su respuesta siempre es ‘no puedo’, y le noto alterado…, ¿cómo es eso?”.

-“Mire, yo nací en el Nilo…, me  alimentaba de los animales que se acercan a beber, los arrastraba al agua y los ahogaba… Era muy fuerte… Pero cuando encontre a mi mujer y nos mudamos a una isla ribereña cerca del Lago Tanganyika, en Burundi…, yo ya tenía la salud deteriorada desde que me caí de una roca y me rompí la cadera. Mientras me recuperaba de la intervención quirúrgica sufrí un infarto de miocardio, lo que hizo necesaria la colocación de un marcapasos…”.

Y él le cuenta a Fanny una historia…, ¡extraordinaria…!:

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