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La ley de la pescadilla que se muerde la cola

21 Abr

INTRODUCCION A FABULAS DOCENTES EN EL PAIS DE LA MEDICINA

El Señor Cocodrilo, un monstruoso ejemplar viejo de 5 metros de longitud, entró reptando en la consulta, mientras sacudía su cola contra el suelo.

-”Ffuuuuussshhhh”, diecía instintivamente Fanny.

-“No puedo”, decía inquieto, abriendo sus inmensas fauces. “Que no…, y es que no. No puedo tomar esas pastillas… Y no puedo hacer esa dieta… a base de búfalos ¡Ah! Y no puedo  comenzar esos ejercicios de natación. ¡No señora!, dice inquieto el Señor Cocodrilo, tirando en la mesa un cartón de la caja de un medicamento, como si estuviera jugando a las cartas y repartiera la baraja.

-“¡Vaya…, parecía el comienzo de una consulta con un paciente difícil!”, pensaba Fanny.

Fanny observaba que el Señor Cocodrilo estaba alterado. Y le preguntaba por qué:
-“Su respuesta siempre es ‘no puedo’, y le noto alterado…, ¿cómo es eso?”.

-“Mire, yo nací en el Nilo…, me  alimentaba de los animales que se acercan a beber, los arrastraba al agua y los ahogaba… Era muy fuerte… Pero cuando encontre a mi mujer y nos mudamos a una isla ribereña cerca del Lago Tanganyika, en Burundi…, yo ya tenía la salud deteriorada desde que me caí de una roca y me rompí la cadera. Mientras me recuperaba de la intervención quirúrgica sufrí un infarto de miocardio, lo que hizo necesaria la colocación de un marcapasos…”.

Y él le cuenta a Fanny una historia…, ¡extraordinaria…!:

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-“… Y al aparecer una infección persistente en la zona de inserción, se tubo que retirar el marcapasos y colocarlo en otro lugar. Sin embargo, se produjo otra infección en ese segundo lugar.. Progresivamente fue mejorando la segunda cicratriz, pero me encontraba nauseoso, débil y malnutrido…, así que…, ya ve no puedo y no puedo…”.

Era una historia asombrosa…, y Fanny la escuchaba completamente absorta.
 
Sin embargo, el estado físico del Señor Cocodrilo no era tan malo como su actitud.

-“¿Y Usted qué siente?”, preguntaba Fanny.

-“Estoy preocupado por si tengo que ir a una residencia de ancianos…, para que me cuiden… Y mi mujer es un cocodrilo más menudo que yo, y con una dificultad para hablar debido a un problema neurológico. Parece seria todo el tiempo. Parece que me está regañando siempre… Pero yo la quiero…, y necesita mi ayuda…”, decía el Señor Cocodrilo.

-“¿Expliqueme eso?”, volvía a preguntar Fanny.

-“Si…, ya se lo digo…, tener que ir a un centro de cuidados crónicos, y que no pueda volver a casa. Sería como la última parada antes de perderlo todo por completo…”, contestaba el Señor Cocodrilo.

…Y comenzaba a llorar…, lágrimas de cocodrilo…

-“¿Qué me hace sentir este paciente?”, se preguntaba Fanny:
-“Tristeza, preocupación, amargura, desamparo, soledad, confusión…, pero también fascinación, interés…”, se respondió.

-¿Y qué es lo que siento con él?”, se planteó Fanny:
-“Sensibilidad…, vulnerabilidad, confianza…, apoyo…”.

Fanny estaba sorprendida del curso de su pensamiento. ¿Dónde estaba el diagnóstico de los problemas del Señor Cocodrilo? ¿Dónde estaba el tratamiento? ¿Es que no eran importantes?

Y se lo contó al Dr. Hund.
-“En medicina de familia no es que el diagnóstico no sea importante, es que ‘viene al final’. Lo primero es el tratamiento: la entrevista contextualizada y capacitadora: la creaciön de un contexto relacional terapéutico”, aseguró el Dr. Hund girando la cabeza 275º sin mover el cuerpo..

-“¿El tratamiento es lo primero?”, pregunta Fanny, extrañada, moviendo la cola.

-“Si, Fanny. ¿Qué es lo primero entonces?”, se preguntó el Dr. Hund. “Lo primero es el tratamiento, y luego el diagnóstico –un tipo diferente de diagnóstico. Pero esto va en contra de muchos siglos de ciencia médica. Pero para esto son precisos los sentimientos. Muchos médicos confunden no tener sentimientos con ser inteligentes.  Se dice que los sentimientos no tienen cabida en la ciencia”.

-“Y cómo podemos ayudar a que estén presentes los sentimientos?”, dijo Fanny.

-“Como tu hiciste con el Señor Cocodrilo. Hay que olvidar que somos médicos. Imaginemos que no estamos frente a un paciente en la consulta, sino sentados en un tren, y  el paciente es otro pasajero que está sentado enfrente de nosotros. Él está alterado. Le preguntamos por qué. Y él nos cuenta la historia. Una historia asombrosa. La escuchamos completamente absortos”, contestó el Dr. Hund.

-“¿Y la historia clínica?”, volvió a preguntar Fanny.

-“La historia clínica viene con el afecto. Encontremos el sentimiento, el hilo rojo que lo recorre, y encontraremos todo”, señaló el Dr Hund.

-“Pero…, yo creo que es importante hacer un buen diagnóstico para saber qué hay que tratar”, apuntó Fanny.

-“Estoy de acuerdo, Fanny, sólo que en realidad el diagnóstico es simultáneo al tratamiento. No hay un momento en que termina el diagnóstico y empieza el tratamiento. Es la Ley De La Pescadilla Que Se Muerde La Cola”.

-“¡Ohhh!”, esa Ley me gusta más que otras… A los gatos ya se sabe…”, rió Fanny.

-“Te dije antes que lo primero es el tratamiento, porque la creación de un contexto relacional adecuado entre médico y paciente, es algo que debe buscarse desde que el paciente entra por la puerta de la consulta. Ese ambiente de confianza es terapéutico de por sí, y permite ‘desplegar’ el diagnóstico. Así, en realidad, diagnóstico y tratamiento son simultáneos”, puntualizó el Dr. Hund mientras iniciaba un vuelo raso.

-“¡Como una pescadilla que se muerde la cola!”, dijo Fanny.

-“Así es, y si el médico llega a estar interesado únicamente en el diagnóstico biomédico, se perderá el significado del paciente como persona; no se entenderá al paciente y su situación”, aclaró el Dr Hund, que ya se había vuelto a posar en su atalaya.

-“¿Pero este sistema de simultaneidad del diagnóstico y tratamiento sólo ocurre en medicina de familia, no?”, preguntó moviendo la cola inquieta Fanny.

-“En medicina de familia y en medicina ‘a secas’, aunque es mucho más evidente en nuestra especialidad. Y también ocurre en la vida real: los procesos no ocurren de forma secuencial sino de forma simultánea e integrada. Por lo tanto, no es posible separar momentos diagnósticos y momentos terapéuticos porque todo momento tiene un componente diagnóstico y un componente terapéutico”, manifestó el Dr. Hund.

Y añadió: “El diagnóstico es un proceso que experimenta el paciente, más que una tarea intelectual del clínico. Si el objetivo es facilitar el desarrollo de personas autónomas, el paciente debe incorporarse tanto al proceso de recogida de datos – exploración y pruebas complementarias- como al proceso de análisis y definición del problema – diagnóstico- como al proceso de toma de decisiones – plan terapéutico. Esta incorporación permite que en la recogida de datos se incluyan los valiosísimos datos de la autopercepción del paciente, de la negociación y acuerdos sobre el problema y la consecuente decisión automotivada para ejecutar cambios que permitan mejorar la situación mórbida”.

-“O sea, que esta visión del método clínico en medicina de familia no permite cursos lineales del tipo exploración – diagnóstico – tratamiento, sino que obligan a simultanear todos ellos de forma tal que se va ‘tratando’ según se va conociendo mejor el problema”, resumió Fanny.

-“Y conocer de forma conjunta –médico y paciente- mejor el problema supone la base fundamental del tratamiento que busca como resultado la cooperación voluntaria y la autonomía de los pacientes. El propósito del profesional es proporcionar las condiciones en las que el paciente sea capaz de experimentar y aceptar el diagnóstico de los aspectos problemáticos”, puntualizó el Dr. Hund.

-“Veo que en todo este proceso de pescadilla que se muerde la cola tienen un papel fundamental el conocer las emociones del paciente”, formuló Fanny.

-“¡Conocer las emociones del paciente y de nosotros mismos!”, aclaró el Dr. Hund. “¿Vistes una película llamada ‘El hombre que susurraba a los caballos’ (The horse whisperer), dirigida e interpretada por Robert Redford?”.

-“No…”, contestó Fanny.

-“En la película los caballos son símbolos de las emociones y de los valores que viven los protagonistas como el miedo, la ira o la libertad. El domador –‘susurrador’- usa un proceso para lograr sin ningún tipo de fuerza o violencia que un caballo salvaje –caballo problemático, u hostil…- acepte montura, brida y jinete, y es primero seguir al caballo dándole descansos para comer y beber, hasta éste aprende que el lugar mas seguro y confortable para él, es precisamente cerca de su perseguidor. Así, el caballo ya no huye… No se deja tocar, pero se mantiene cerca todo el rato. Paso a paso y de una manera sosegada consigue convencer al caballo para que confíe en él, hasta que consigue salir galopando con el caballo”, explicó el Dr. Hund.

-“Y entonces, ¿qué es un ‘susurrador’?”, preguntó Fanny.

-“Básicamente un susurrador es alguien que entrena los caballos sin ‘romperlos’. La técnica de los susurradores es conseguir la confianza del caballo. Lo que se intenta es conseguir que los caballos trabajen con uno mismo. Sus técnicas se centran en cambiar el comportamiento de las personas, no solo de los caballos. Cualquier problema que tenga la persona se vera reflejado en el caballo. El caballo nos dice cómo es su dueño y que tengo que hacer para ayudarles a los dos”, respuso el Dr. Hund.

-“Ya entiendo, Dr. Hund, somo susurradores de caballos, y en ese susurrarles están el diagnóstico y el tratamiento”, abrevió Fanny haciéndose un ovillo y recogiendo la cola junto al cuerpo.

 

 

ELEMENTOS TEÓRICOS RELACIONADOS CON LA CLÍNICA DE MEDICINA DE FAMILIA DESDE UN ENFOQUE SISTÉMICO

 

COMENTARIOS TORTUGA

El señor cocodrilo no podía separar sus preocupaciones por donde vivir, por qué comer, por las relaciones con su pareja, con su médico, y con todos sus problemas de salud. Sus médicos, incluida la Médica Interna Residente, Fanny, no podían diferenciar cuando preguntaban para saber diagnósticar o para interesarse y compartir (tratar)

 

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Una respuesta a “La ley de la pescadilla que se muerde la cola

  1. Anónimo

    23 abril, 2011 at 9:40

     

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