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LA LEY DEL HUEVO FRITO

30 Jun
LA LEY DEL HUEVO FRITO

Fanny atendía

a la Señora Mapache, un mamífero no muy grande, poco más que un gato, emigrante americana. Se alimentaba casi exclusivamente, por razones económicas y de tradición, a base de ranas y crustáceos, así como algunos frutos, todos ellos ricos en oxalatos, calcio, proteínas, y sal. Tenía historia de cólicos renales, y venía a ver el resultado de un cultivo de orina, tras el tratamiento con ciprofoxacino 250 mg cada 12 horas durante tres días, de una cistitis. -“Se ha negativizado el cultivo. Está curada”, decía Fanny antes de despedir a la Señora Mapache.

El siguiente fue el Señor León Marino, un animal grande, que tenía las extreminades en forma de aletas, el pelo de la cabeza largo, y pasaba la mayor parte del año en el mar, con temperaturas a veces muy frías. Era fumador, y había pasado una neumonía hacía un mes, aunque ya se sentía mejor, sin tos ni dolor costal ni fiebre. -“Ya tenemos la radiografía: desapareció el infiltrado… Está curado, así que le damos el alta”, concluía Fanny.

A continuación estaba el Señor Periquito. Un ave inteligente, simpática, limpia, muy sociable, de color verde, que tenía en la parte anterior de la cabeza y cuello una máscara de color amarillo, y que había trabajado como animal de compañía, pero ahora estaba en paro, y tenía algunos problemas de relación de pareja. Venía a ver su análisis de control de función hepática. -“Se han normalizado las transaminasas. Curado”, señalaba Fanny.

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Pero Fanny se sentía extraña… Como si le hubiera faltado algo en esas consultas. ¿La Señora Mapache, el Señor León Marino, y el Señor Periquito se habían curado?

Lo comentó con el Dr. Hund. -“uu uu uuuuuuuuu. La palabra cura tiene más sentido cuando trabajamos en en la artificiosa separación de lo bio, psico y social, y nos centramos sólo en una de esas dimensiones, y si además entendemos curación como alcanzar una meta evaluable cuantitativamente: negativización del cultivo, desaparición del infiltrado, o normalización de las transaminasas”explicó el Dr. Hund. -“¿Quiere decir que en medicina de familia se toma conciencia de que las transaminasas es un dato insuficiente para valorar la curación?”, preguntó Fanny. -“Así es, Fanny. En la medicina de familia se toma más conciencia de ese hecho. Por ejemplo en tus casos del Señor Periquito, el Señor León Marino, y la Señora Mapache, somos conscientes de que las transaminasas siguen amenazadas por el alcohol y que el abuso de éste está condicionado por el paro y por las tensiones de pareja; de que el fumar es uno de los principales factores de riesgo de infección neumocócica invasiva; o de que la litiasis renal que puede favorecer cistitis de repetición a su vez puede producirse por ciertas dietas… Y que tras los comportamientos están otros factores del contexto”, contestó el Dr. Hund. -“¿Por tanto, en medicina de familia resulta superfluo hablar de curación?, volvió a preguntar mientras movía inquieta la cola Fanny. -“No es eso. Es que la cura tiene un sentido distinto en medicina de familia. Y para explicártelo, lo primero es que tenemos que ser conscientes de qué es lo principal –crucial- y lo accesorio”, repuso el Dr. Hund. -“¿Me lo puede explicar?”. -“Claro, Fanny, se trata de la Ley Del Huevo Frito”, señaló el Dr. Hund. -“¡Bueno, ahora si que estamos bien! ¿Cómo es eso?”, maulló protestando Fanny. -“En el huevo frito está lo principal, lo crucial: la yema en el centro; y lo accesorio: la clara en la periferia. El elemento crucial del diagnóstico y tratamiento del médico de familia es identificar la experiencia relacional del paciente y considerarla globalmente”, contestó el Dr. Hund. Y continuó: “La función principal del médico de familia no es tanto atender a las familias completas o las comunidades como realizar atención clínica a los individuos ‘en’ sus familias y comunidades -en sus contextos. Una vez que se entiende esto, se modifican los conceptos de diagnóstico, tratamiento, cura y resolución. Las personas son sujetos de experiencia, valores, creencias, emociones y sensaciones; no vehículos de fuerzas y procesos fisiopatológicos y psicológicos. Si el médico llega a estar interesado únicamente en el diagnóstico biomédico, se perderá el significado del paciente como persona; no se entenderá al paciente y su situación. Tratar al paciente integralmente significa ser consciente de que él es el producto de contextos sociales y físicos”. -“Miau, miau…”, dijo Fanny. -“Habitualmente, al atender el problema motivo de consulta no suele reconocerse al paciente ni se le trata como una persona diferente a otras. En un acercamiento propio de la medicina de familia, cuando al paciente se le permite ser una persona, y es verdaderamente el centro del problema –la yema del huevo frito-, se produce de forma natural una expansión: el centro de atención del tratamiento llega a ser el contexto; el paciente llega ser un factor en un contexto”, especificó el Dr. Hund. -“¿Pero no son importantes las pruebas complementarias, los fármacos…?”, preguntó Fanny. -“Desde luego que son importantes. Se puede aceptar que en muchas ocasiones el médico tiene que tomar medidas estrictamente biomédicas: pruebas técnicas, fármacos, intervenciones quirúrgicas…, pero éstas son la clara del huevo frito; son periféricas, no lo principal: raramente serán suficientes para producir resultados. Estas medidas habituales biomédicas deben completarse por la otra persona –el paciente; la yema del huevo. El punto clave del tratamiento es su conveniencia. En un enfoque personal, lo que concierne a la persona conduce a lo que concierne al contexto. En el tratamiento, al considerar el qué hacer para afrontar un problema de una persona, se valorarán los cursos alternativos de acción, no sólo según su eficiencia para resolver la situación, sino también según sus implicaciones en otros actores del contexto. Un enfoque verdaderamente personal es entonces un enfoque contextual”, contestó el Dr. Hund. -“Pero entonces, la gran paradoja de la curación es que te pasa como cuando estás llegando a la cima de una montaña, parece que nunca se va a alcanzar, pero una vez arriba ves que sólo supone una atalaya más alta desde la que divisas nuevas montañas: nuevos objetivos de curación, otros aspectos de un mismo individuo o la repercusión de la salud de un individuo en la de los demás y viceversa. Y estos objetivos no tienen fin”, manifestó Fanny. -“Justo es eso, Fanny. Pero debes matizar el sentido de cura: la cura consiste en ‘cierto crecimiento impredecible’, en aprender cómo cambiar los patrones de las experiencias relacionales, y es un proceso…, como tu dices. El concepto de curación es sustituido por el de cambio significativo en cualquier dimensión de las narrativas del paciente. Y el tratamiento es reorganizar la experiencia y la acción del paciente; reorganizar sus relaciones; aprender nuevas cosas sobre los otros, el contexto, y sobre sí mismo, cambiando sus creencias y acciones sobre los otros y el contexto”, aclaró el Dr. Hund. -“Bueno… Creo tener un poco más claro lo que es la Ley Del Huevo Frito y sus implicaciones en medicina de familia…, pero ¿no hay una ley del huevo frito con chorizo o con patatas… Yo creo que sería más integral”, maulló Fanny.

 

 

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