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Abordaje de la osteoporosis: proyecto de intervención artística crítica

28 May

Performance osteoporosis

La osteoporosis vista como construcción social

El sistema de moralidad de las democracias liberales occidentales –ser buenos ciudadanos implica practicar los estilos de vida saludables recomendados desde el sistema- implica una gobernanza compartida por el Estado dando responsabilidad, pero solo en el nivel operativo, de los individuos y agentes colectivos. Pero este “sistema” no implica un conjunto homogéneo que “planifica” racionalmente las conductas de los gobernados sino que constituye un reflejo emergente de los diversos actores implicados en la salud y confrontados entre sí por el logro de sus propios objetivos.

Mientras la medicalización (el proceso por el que eventos y características de la vida cotidiana se convierten en problemas de salud y por lo tanto, son estudiados y tratados por médicos y otros profesionales de la salud) está promovida principalmente por la industria y se centra en el padecimiento, la enfermedad, el cuidado y la rehabilitación, la biomedicalización está promovida por diversos actores y se enfoca en la salud como un mandato moral que internaliza el autocontrol, la vigilancia y la transformación personal. Esto es lo central, porque claramente la biomedicalización implica el concepto de medicalización pero lo radicaliza Clarke y colegas (2010) en base a la teoría foucaultiana del biopoder y en desarrollos posteriores de Rabinow (1995).

Históricamente, la medicalización de la mujer también podría ser visto como el resultado de las interacciones entre los médicos y las mujeres dentro de determinados contextos históricos (Riessman, 1993). Las mujeres no han sido siempre víctimas meramente pasivas de medicalización, sino co-constructoras activas de la misma cuando realizaban un análisis superficial de lo que era más conveniente, y esto ha sido particularmente cierto para las mujeres de clase media.

Este proceso supone una apropiación de problemáticas que está fuera del ámbito médico y que se van a leer como problemas de salud, ampliación de las definiciones de patologías ya existentes  institucionalización de nuevas definiciones. Se expande el concepto de riesgo para abarcar a casi toda la población, a partir de correr la curva de distribución normal o campana de Gauss hacia la izquierda (Heath, 2006).

De este modo, la enfermedad o el problema de salud quedan construidos socialmente ya que se deriva de la interacción social en ambientes socioculturales concretos (Conrad & Barker, 2010:569)

El objetivo teórico es mejorar la salud de los consumidores pero con la intención real de  “gobernarlos a distancia”, sin que se note (Rose, 1997:33).

En el caso de la osteoporosis, la palanca sobre la que pivota todo el proceso anterior es el “riesgo de fractura” promovido por toda clase de instituciones de salud públicas y privadas instituidas con un objetivo de prevención y promoción. Para que el riesgo sea una herramienta de gobernanza, es preciso que se muestre más su aspecto de control que su aspecto de incertidumbre. Los medios de comunicación de masas y gestión de la información procuran concienciar (de forma sesgada) a la población de este riesgo. A los profesionales sanitarios se les lleva a la obligación de informar de los riesgos de fractura y vigilar el proceso de gestión de esos riesgos (con apoyo, cuando es preciso, de la Medicina Basada en la Evidencia). Los consumidores se van así independizandose de los profesionales y sus opiniones. Los profesionales pierden así poder en favor de los gobiernos y los grupos económicos.

El poder político ejerce control haciendo creer al individuo que es él quien se autocontrola y controla su destino voluntariamente (Deleuze, 1995). Se le hace pensar al individuo, la mujer básicamente, que tiene el deber y el derecho como consumidor (su poder se deriva de su capacidad de compra en lugar de su derecho social de ciudadano) de autogobernarse y “empoderarse” (desarrollar el propio potencial) hacia la salud (Castel, 1984:218) en general y la ósea en particular.  La medicina tecnocientífica y sus subespecialidades, tal el caso de la nueva salud pública, han desarrollado discursos ilusorios según los cuales se puede mantener cuerpo y mente jóvenes y energéticos si ejercemos estricto control sobre los riesgos que nos amenazan, especialmente aquellos relacionados con los estilos de vida. Enfocando así las causas en la personas más que en las circunstancias.

El gobierno hace creer que hay motivos morales (evitar gastos y esfuerzos a la sociedad) y racionales o de eficiencia (Dean, 1999b) con el riesgo de quedar excluido si no se “cumple debidamente”. De ahí se derivan  sentimientos de culpa, preocupación y vulnerabilidad en los ciudadanos (Verweij, 1999).

Eso sí, solo se plantea la posibilidad de disminuir el riesgo de fractura en personas, poblaciones y países ricos. El precio es la detracción de recursos de la atención curativa a la pseudopreventiva y yatrogénica en las poblaciones pudientes y la profundización en las diferencias sociales. Se adormece la conciencia crítica mediante explicaciones individualizadas más que por las contextualizadas y, en definitiva se refuerza el poder no democrático.

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El papel del arte como medio para la desalienación en salud

En el blog Salud, Sociedad y Derechos hacen un buen resumen de la historia de la relación entre el arte y la salud que se resume en el siguiente párrafo:

A fines de la década de 1980 y principios de 1990 en ciertos países del mundo industrializado surge un nuevo campo disciplinar: se trata del campo denominado “arte y salud” (Clift, 2005).  El contexto socio-político para el nacimiento de este campo disciplinar lo constituyeron las nuevas agendas transversales en política social que estos países comenzaron a promover, basados en la idea del desarrollo humano y en el concepto de capacidades básicas de Amartya Sen (2000, 1995, 1989). Dichas agendas se preocuparon por temáticas como la cohesión comunitaria, la inclusión social y el desarrollo sustentable, entre otras (Dooris, 2005; Jermyn, 2001). A su vez, durante la década de 1990 la esfera cultural cobró un protagonismo mucho mayor que en momentos anteriores de la historia de la modernidad, cuestión que se evidencia en el uso creciente de todo tipo de prácticas artístico-culturales como herramientas para el mejoramiento, tanto sociopolítico como económico, dando lugar a lo que George Yúdice (2002) llamó una concepción de cultura como recurso. En términos teóricos, el campo del arte y la salud es heredero del concepto positivo e integral de salud (el cual dio lugar al nacimiento de la promoción de la salud) y de determinadas teorías del capital social. La génesis del concepto positivo de salud puede rastrearse en la constitución de la OMS (1946) en la cual se define salud como el completo bienestar físico, mental y social. A partir de aquí, el concepto biomédico de salud es ampliamente cuestionado y, entre las décadas de 1980 y 1990, se consolida un nuevo paradigma mediante el cual la salud se transforma en un concepto holístico, entendido ya no como ausencia de enfermedad o como consecuencia de prácticas individuales descontextualizadas, sino como un proceso colectivo vinculado a cuestiones económicas, psico-sociales, culturales y ambientales (Restrepo y Málaga, 2001; Labonte, 1998; Evans y Stoddart, 1994)[5]. Por su parte, las teorías del capital social que influenciaron el campo de la salud (Coleman, 1990; Putnam, 2000) fueron aquellas que sugerían que la participación en proyectos locales podía mejorar la comunicación y las relaciones comunitarias, a la vez que incrementar las sensaciones de bienestar y autoestima (Campbell, Wood y Kelly; 1999). El uso del arte para promover objetivos sociales no es una idea nueva. Durante los años 1960 diversas iniciativas de arte comunitario fueron ofrecidas por artistas y organizaciones vinculadas a las artes para trabajar con poblaciones excluidas (Hamilton y Hinks, 2003). La relación entre objetivos sociales y salud, no obstante, es mucho más reciente y se remonta a la década de 1990, donde un gran abanico de iniciativas en arte y salud fueron implementadas en el mundo industrializado (Clift, 2005; Macnaughton, White y Stacy; 2005; Angus, 2002). El campo de intervención y estudio denominado arte y salud es heterogéneo. Incluye iniciativas focalizadas en los beneficios terapéuticos de las artes así como otras cuyo objetivo es establecer mejoras en los servicios de salud, desarrollar campañas de comunicación en salud participativas, y aquellas con objetivos transversales como mejorar el “capital social” y los vínculos comunitarios, generar espacios de ”integración social”, entre otros.

 

La simbiosis del arte y la educación

En la producción cultural contemporánea se ha producido en los últimos años un “giro educativo” (2008) en palabra de Iritt Roggoff, que subraya la capacidad de artistas, trabajadores culturales, comisarios y otros creadores de generar plataformas, dispositivos y conocimientos innovadores dentro del campo de la educación. Bajo este giro se incluyen un conjunto de prácticas, proyectos culturales y comisariales y políticas que pretenden repolitizar y conectar las formas de producción cultural con comunidades y movimientos que trabajaban formas alternativas y creativas de educación. Este giro, a la vez, propone experimentar otras formas de producción cultural y mediación, mediante estrategias y formas que articulan las prácticas de arte participativo, arte público y colaborativo con las pedagogías alternativas y la educación popular, así como con nuevas formas de construir públicos. Estas colaboraciones plantean modelos alternativos de políticas culturales y de retorno social del arte a partir del trabajo con pedagogías alternativas y prácticas de producción cultural contemporánea. Generan, de este modo, nuevos espacios de mediación, de relaciones entre instituciones y modelos alternativos de producción cultural y pedagogía del arte.

Sin embargo, este giro educativo contempla experimentar nuevas formas de educación que marquen modelos alternativos de producir y construir conocimientos entre varias comunidades y agentes. Por tanto, este giro contempla una hibridación de las prácticas artísticas con iniciativas alternativas de educación popular y movimientos de innovación pedagógica. Esta intersección plantea una fuerte crítica al sistema neoliberal educativo, activando plataformas de autoeducación, procesos investigadores de trabajo en red, experiencias de innovación ciudadana y pedagogías colectivas mediante proyectos en contextos específicos de intervención. Entonces, el giro educativo también se nutre de experiencias dentro de las prácticas de arte público y comunitario, escuela activa y el trabajo de innovación ciudadana y activación del espacio público. Así la educación se ha “revisitado” críticamente, cambiando su papel de conseguir públicos o transmitir conocimientos, para entender su valor como elemento mediador, activador social y articulador, tanto en las prácticas culturales como en el trabajo de los movimientos educativos y de innovación ciudadana. Pese a ello es necesario analizar realmente el impacto de dicho giro en las políticas y prácticas de iniciativas , entendiendo como otros actores, agentes y saberes entran, sales, son excluidos o relacionados. De este modo es necesario un análisis complejo y situado de las prácticas de mediación, que den cuenta de todas las caras y aristas de este giro, más allá de una simple tendencia comisarial o de innovación.

Arte, creatividad, identidad, salud, transformación social forman una trama compleja que se teje en diferentes espacios comunitarios. Es importante analizar los espacios que se ofrecen y brindar cada vez más posibilidades, a la vez, es indispensable considerar los procesos de construcción y reconstrucción que realizando los sujetos de los contextos y las oportunidades que en ellos se generan. El arte se constituye en una importante oportunidad para ser, crear y transformar la realidad. Asimismo, el arte, dentro y fuera de los museos, se vincula con la expresión creativa, la salud, la felicidad y el bienestar de los sujetos. Ofrecer múltiples y variados proyectos donde las personas comunes puedan desarrollar actividades artísticas parece ser uno de los caminos para construir ciudades creativas para todos y procesos de creatividad social que promuevan transformaciones individuales y comunitarias.

 

Arte y participación: “performing arts”

Esta es una expresión artística en el que tanto actores como espectadores van a contribuir en la creación de la obra o lo que es lo mismo en su presentación, pues aquí, y por primera vez, la interacción de ambas partes van a a dar origen al “performing arts” (artes escénicas) que contiene, entre otros, al “happening” que, aunque no es teatro desarrolla una acción que lo acerca al concepto del “living-theathre” en un intento de fusionar las áreas de la vida y el arte en una de las más puras expresiones del arte efímero.

En este nuevo escenario artístico que nos trajo el arte participativo, ya no será tomado en cuenta el arte de plasmar la creación artística en diferentes soportes como ha venido haciéndose. Ahora, esta nueva manera de hacer arte va a decirse lo mismo en una “extraña” forma poética que va a expresarse gestualmente. No se requieren soportes y apenas escenarios. Lo que se busca es la participación a través de la reacción del espectador que así va a ser parte de la obra mientras reacciona, en ocasiones, con hostilidad ante las agresiones visuales, auditivas o ambas a la vez a la que es sometido.

Los proyectos artísticos con objetivos de carácter social y comunitario son cada vez más frecuentes. En ellos, profesionales del arte colaboran con la ciudadanía en el desarrollo de proyectos en los se promueve el pensamiento crítico, la resolución de conflictos, la legitimización de discursos, la creación de propuestas innovadoras, el desarrollo personal, la creación o el simple disfrute de la contemplación del arte.

Se puede encontrar una completa y clara descripción de prácticas colaborativas/arte comunitario/arte socialmente comprometido en:

 

Diagrama del arte y la salud

Para sintetizar la diversidad de enfoques y actividades que se incluyen en el campo, del “arte y salud”, Macnaughton, White y Stacy realizaron el diagrama de la figura 1 – basado en uno desarrollado por Smith.

Arte y salud

 

 

 

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Lo que propone este diagrama es la interrelación entre los servicios de salud y el arte a través de dinámicas que incorporen nuevos profesionales al ámbito sanitario (educadores, artistas, curadores, creativos) y que generen nuevas dinámicas sociales que desarrollen propuestas y programas de mejora de calidad de vida con respecto a la salud. Este modelo que integra arte y salud, se reconoce en otros países como Arts&Health, un campo de acción, estudio e investigación que reflexiona sobre como las artes pueden contribuir a la salud, el bienestar, la inclusión social y la calidad de vida de las personas.

Como puede observarse, el campo es heterogéneo. Incluye iniciativas focalizadas en los beneficios terapéuticos de las artes así como otras que buscan establecer mejoras en los servicios de salud, desarrollar campañas participativas en salud, y aquellas con objetivos transversales como mejorar el capital social y los vínculos comunitarios, o generar espacios de integración social.

 

Desalienación del abordaje habitual de la osteoporosis a través del arte; solicitud de colaboración:

Situamos la orientación de este proyecto en el cuadrante inferior izquierdo del diagrama arriba presentado, promoviendo el encuentro de diversos actores sociales para facilitar, a través de una intervención artística el debate colectivo sobre las relaciones de poder subyacentes en el abordaje social de la osteoporosis.

Desde este espacio deseamos solicitar opinión a los diversos individuos o instituciones de cualquier disciplina u origen que pudieran estar interesados en este tema con el fin de planificar y desarrollar un proyecto artístico que facilite la reflexión colectiva sobre la osteoporosis como construcción social. Los interesados pueden comunicarse con nosotros a través del sistema de “comentarios” del blog.

 

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